La historia de Peppa y Eli
Uno de los primeros personajes que hice a crochet, después de aprender la técnica del amigurumi, fue a la famosa Peppa Pig. Creo que, en total, habré hecho más de quince muñecas entre encargos y regalos; unas más grandes, otras más pequeñas, tuneadas en diferentes estilos, algunas incluso góticas… Todas ellas me han hecho disfrutar durante y después del proceso de elaboración, y sobre todo cuando las entregaba, por fin, a la persona a quien se la había hecho.
Pero de entre todas ellas, hay una Peppa especial, protagonista de una preciosa historia lejos de España, en Praga. No sé si conocéis el libro Kafka y la muñeca viajera, de Jordi Serra y Fabra; si es así, vais a ver lo paralelas que son las dos historias; si no, poned este libro en lecturas pendientes, os lo recomiendo. En cualquier caso, os invito a que conozcáis la historia de Peppa… y de Eli.
Hace algunos años, tuve la oportunidad de conocer a una pareja checa, Svetka y Filip, y su hija de seis años Eli, cuando fui a pasar una semana a una casa rural en Abánades (Guadalajara) con un grupo de amigas de la facultad. Desde el primer instante, la conexión entre ell@s y nosotras fue instantánea, a pesar de la dificultad de hablar idiomas diferentes, y en seguida surgió un afecto y un cariño espontáneo, como si nos conociéramos desde siempre.
Como las agujas, las lanas y los hilos van conmigo a todas partes, allí mismo tejí una Peppa para Eli en un pis-pas, convencida de que a la pequeña le gustaría el regalo. Nada más verla, Eli estalló de alegría y no se separó de ella ni un solo momento: Peppa desayunaba, comía y cenaba con nosotr@s , se bañaba en el río, paseaba por el campo y, por supuesto, dormía siempre con Eli; en fin, un amor mutuo a primera vista que se convertiría en incondicional durante muchos años, y que hasta hoy perdura.
Pasó esa estupenda semana y, muy a nuestro pesar, nos despedimos y ellos continuaron su viaje por el sur de España. Eli, haciendo de reportera gráfica, me mandaba fotos de todos los lugares que visitaban con Peppa siempre a su lado, en la playa, en el chiringuito, en el tren, en el camping… y, finalmente, en el avión que les llevaría de vuelta de nuevo a Praga.
Peppa se había convertido en alguien muy importante para Eli, y como ya era un miembro más de su familia y tenía hasta su propio espacio en la habitación, decidí hacerle un montón de complementos a Peppa: ropa de diferentes temporadas, material escolar, objetos de playa y piscina, cámara de fotos, etc, todo ello dentro de una maleta personalizada para Eli. Para ello tejí otra Peppa (la llamaré Peppa II) que me sirvió de modelo para elaborar la ropa y, una vez completado el “ajuar”, se lo envié como regalo de Navidad para las dos. Os podréis imaginar la alegría de Eli al recibir el regalo, y la de horas y horas que pasaba con Peppa vistiéndola, inventando historias, llevándosela al colegio, yéndose con ella de vacaciones… Eli y Peppa vivían y crecían juntas, inseparables, y yo comprobaba feliz, a través de los mensajes y fotos que me enviaba continuamente, que Peppa era mucho más que una simple muñeca de crochet: tenía vida, la que Eli le había dado al formar parte de la suya.
Transcurrió el tiempo, llegó el siguiente invierno, y Peppa y Eli se marcharon con su familia a pasar unos días a casa de su tío Volant en Pila, un pueblecito de montaña muy cerca de Karlovy Vary. Cuando regresaban de nuevo a Praga, Eli se dió cuenta de que Peppa no estaba. Buscaron por el coche, en el equipaje, regresaron de nuevo a Pila por si Peppa se había quedado allí… pero ni rastro, no estaba por ninguna parte, Peppa se había perdido.
Eli estaba inconsolable, no podía creer que Peppa hubiera desaparecido así, sin más; no era capaz de pensar que no dormiría esa noche con su Peppa, que no la vería más. Y yo… ¿cómo consolar a Eli? ¿cómo hacerlo desde tan lejos, en la distancia? y, ¿dónde estaría Peppa? ¿se la habría llevado alguien, estaría en otra casa?, o peor aún, ¿en la calle, a la intemperie?
Y ocurrió que, mientras estábamos hablando de ello una amiga común y yo, mientras miraba a la Peppa que yo había tejido como modelo para hacerle la ropa a la de Eli, surgió la idea para acabar con su tristeza. Sin pensarlo, me hice una foto con Peppa II y le dije a Eli: ¡¡Peppa no se ha perdido, está aquí conmigo, ha venido a Madrid a visitarnos!!
Eli no lo podía creer, con una mezcla de incredulidad y alegría infinita, no paraba de preguntarse cómo era posible que Peppa se hubiera ido sin avisarla y sin despedirse, sin decírselo, sabiendo que se preocuparía mucho al no encontrarla. Pero bueno, en el mundo de Peppa las cosas que suceden siempre salen bien, de manera que Eli volvió a recuperar su alegría, y a su amiga del alma.
Para darle más credibilidad a su visita a Madrid, nos llevamos a Peppa de concierto y, como había venido con ropa de verano creyendo que en España siempre hacía calor, le hice un abrigo y un gorro verde, para que en el viaje de regreso a Praga no pasara frío.
Días después, cuando por fin Eli se reencontró en la oficina de correos con su amiga… la notó distinta. A l@s niñ@s, ya sabéis, no se les escapa ni un detalle, y algo había en los rasgos de Peppa II que a Eli le hacía sospechar que su amiga no había vuelto exactamente igual que se había ido. Decía que “miraba distinto” y “ya no era tan suave” como antes. Entonces Svetka, su madre, le dio una explicación sobre el cambio físico de Peppa mediante el cual a Eli no le quedó ninguna duda de que esa era su verdadera Peppa.
Le explicó que todo el mundo cambia cuando viaja y conoce otros lugares y personas; la misma Eli, cuando vuelve de vacaciones, vuelve cambiada, su abuela la ve siempre más alta, más morena, más guapa, con algún arañazo o chichón que antes no tenía, en definitiva, que lo que aprendemos al conocer y experimentar cosas nuevas nos cambia por fuera y, lo que es más importante, nos ayuda a crecer por dentro. Que el hecho de que Peppa hubiera decidido ir a visitar a las amigas de España no significaba que no la quisiera a ella, todo lo contrario, Peppa ha tenido la oportunidad de viajar y volver para contarle lo bien que se lo ha pasado en Madrid y lo libre que se sintió mientras viajaba.
Las amorosas palabras de su madre actuaron como un bálsamo para Eli, y a mí me siguen emocionando cada vez que las recuerdo.
Eli siguió compartiendo sus días con Peppa, sus juegos, los cumpleaños, las excursiones, y al cabo de unos meses, sucedió lo que nadie podía esperar: ¡el tío Volant había encontrado a la primera Peppa en su jardín! ¡Al fin apareció Peppa, qué alegría! La nieve caída durante el invierno la había ido ocultando y el calor de mayo la dejaba al descubierto después de derretir la gruesa capa de nieve. Ante el inesperado hallazgo, los padres de Eli pensaron que, ya que Peppa había decidido en su momento quedarse en el jardín de Volant, y como él se había encargado de lavarla, limpiarla y cuidarla con todo su cariño después de haberla encontrado, lo mejor sería que se quedara con él haciéndole compañía, puesto que vive solo. Estaban segur@s de que ese era el deseo de Peppa… y también el del tío Volant, por supuesto.
Han pasado ya seis años desde entonces, Eli ya es preadolescente y Peppa sigue estando a su lado, como siempre. Nunca le dijimos que su primera Peppa apareció, y que la que ella tiene es otra, creo que eso no es importante, al menos, tan importante ahora. Estoy segura de que, cuando le cuenten cómo ocurrió todo en realidad, Eli sabrá que, en el fondo, lo verdaderamente importante para ella es lo que Peppa significa, lo que significó para tod@s l@s que vivimos esa historia. Fuimos capaces de hacer magia, de posibilitar que las cosas pudieran ocurrir de una manera poco frecuente, poco lógica, fantástica, pero totalmente posible. Gracias a las Peppas, a Eli, a sus padres, al tio Volant, a mis amigas, ocurrió una historia maravillosa que yo tenía muchas ganas de contar.
Eli quiere aprender español, de hecho, ya está dando sus primeros pasos con nuestro idioma. Y yo ya tengo preparado un libro especial para ella, imaginad cuál…
Ana Abad
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4 comentarios
GRACIAS ANA. ¡Qué historia tan bonita y qué bien contada!
Según la voy leyenjdo es como si estuviera en los lugares que describes.
Enhorabuena por la página, es preciosa, llena de cariño y de colores.
Un abrazo fuerte para las cuatro.
BESOS
Gracias Carina,
Qué suerte haber vivido juntas esta historia, ¿verdad?
¡¡Viva Peppa!!
Maravilloso encontrarse en la vida con personas como tú. Una historia llena de amor.
Sabía que te gustaría, Bea. ♡♡