Adoro a mis nietos (imagino que como a casi todos los abuelos, aunque siempre hay excepciones).
Me encanta verles crecer, adquirir habilidades y picardías. Es una fortuna ver como disfrutan, se indignan e incluso reniegan y se revelan ante un mundo que van descubriendo poco a poco, con lo bueno y malo que les muestra la vida. Como si todo, la fortuna y la tristeza, fuera nuevo para ellos, y lo es.
Me encanta ver su reacción, el asombro de sus caras. ¿Os habéis fijado en las expresiones de los niños cuando por primera vez comprenden, experimentan o encuentran algo que no esperaban?
Me fascina su mirada limpia, admirar como van desarrollando una personalidad propia, sin prisas… Cogiendo de aquí y allá frases y gestos que nos son comunes, actitudes y desarrollando sus capacidades.
Me voy a centrar en una de ellas, una pequeña de rizos dorados, cariñosa, divertida, decidida, de fuerte carácter, ella es Mayra.
Mayra tiene 6 años y desde siempre le ha gustado dibujar (lo hace muy bien), derrocha imaginación y habilidad en sus dibujos.
Tiene una gran facilidad para combinar los colores de manera que siempre resultan alegres y armónicos, mezclándolos de mil maneras diferentes.
Le comenté que le iba a hacer un jersey para llevar al colegio (le encanta que le haga cosas de ganchillo y punto a dos agujas) y casi siempre quiere elegir como han de ser las prendas.
Me explicó cómo quería que fuese su jersey, elegimos juntas los colores del hilo y el resultado es el que podéis ver en las fotografías.
El jersey es tal cual ella, me explicó, con una armonía perfecta de los colores elegidos, sin embargo, y creo que estaréis de acuerdo conmigo, ella es la luz que da vida a esos colores.